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Reducción de emisiones

  • Cómo dejar de depender de las importaciones de combustibles fósiles de forma rápida y segura

     5 - 6 minutosObras de construcción del gasoducto Nord Stream para transportar gas natural ruso a Alemania. Alexander Chizhenok / Shutterstock

    No son tiempos fáciles para la Unión Europea en temas de energía. Su dependencia exterior de combustibles fósiles (petróleo, gas, etc.) es muy elevada. Gran parte de esa dependencia está en manos de potencias extranjeras (Rusia entre ellas), y en estos momentos de guerra en Ucrania y presiones internacionales sobre Rusia, Europa se encuentra en una encrucijada. ¿Puede realmente dejar de depender de las importaciones de recursos fósiles de Rusia (y otros países)?

    Se puede y se debe intentar. Se necesita ver si otra Europa, energéticamente hablando, es posible. Una Europa progresivamente menos dependiente de los combustibles fósiles (vengan de donde vengan). Pero para esto hay que tomar un conjunto de medidas y aplicarlas a fondo.

    Este conjunto de acciones debe incluir medidas de ahorro y eficiencia energética; la sustitución paulatina de los combustibles fósiles apoyada en un despliegue, a mayor velocidad, de las energías renovables tanto en la industria como en los hogares; una diversificación cuidadosa del suministro de energía, etc.

    Muchas de estas medidas ya estaban recogidas y mencionadas en el Objetivo 55 de la Unión Europea, su plan para la transición ecológica, que ahora necesita actualizarse y, dadas las circunstancias, acelerarse un poco más.

    Los objetivos son ambiciosos. La UE se ha fijado, con la legislación europea sobre el clima, el objetivo vinculante de lograr la neutralidad climática de aquí a 2050. Para ello, a lo largo de las próximas décadas habrá que reducir drásticamente los niveles actuales de emisiones de gases de efecto invernadero. En un paso intermedio hacia esa neutralidad, la UE ha elevado sus pretensiones en materia ambiental comprometiéndose a reducir las emisiones en al menos un 55 % de aquí a 2030.

    ¿Qué medidas se pueden tomar?

    1. Aumentar el aporte renovable en el mix energético

    La primera medida es aumentar considerablemente el aporte y contribución de las energías renovables en la combinación energética global (mix energético de cada país), subiéndolo un 10 % más de media respecto a lo recogido en la directiva europea sobre fuentes de energía renovables.

    Para llevarlo a cabo, sería muy conveniente aumentar la penetración e integración de las energías renovables en aquellos sectores en los que ha avanzado menos. En particular en el transporte, la construcción y la industria.

    1. Aceleración y simplificación de trámites

    Para conseguir la primera medida, deben reducirse los tiempos y simplificarse las tramitaciones lentas y complejas de grandes proyectos de energías renovables. Esto puede hacerse desde una modificación específica de la directiva sobre fuentes de energía renovables para reconocer a estas energías de interés público primordial. Se deben establecer áreas de acceso específicas, con bajos riesgos ambientales, para la instalación de proyectos de energías renovables con procesos de autorización abreviados y simplificados.

    Se deben agilizar y a la vez hacer precisos estos procesos de selección de emplazamientos poniendo a disposición de los ciudadanos conjuntos de datos sobre áreas ambientalmente sensibles, como parte de las herramientas de cartografía digital accesibles a los usuarios a través de las páginas web de los ministerios o ámbitos de gobernanza implicados. Estos datos geográficos estarán relacionados con la energía, la industria y las infraestructuras.

    1. Repotenciación de plantas existentes

    Además de la instalación de nuevas plantas de energía renovable, la repotenciación de las plantas existentes podría contribuir en gran medida a la consecución de los objetivos. Por lo general, las plantas existentes se han instalado en lugares con un importante potencial de recurso energético renovable. La repotenciación va a garantizar el uso continuado de estos emplazamientos y va a reducir la necesidad de buscar nuevos lugares para llevar a cabo proyectos.

    La repotenciación incluye otros beneficios como la conexión a la red existente, un probable mayor grado de aceptación pública y el conocimiento de los impactos ambientales existentes al haber pasado una evaluación ambiental en el proyecto previo.

    En estos casos, el proceso de concesión de permisos, incluidas las evaluaciones ambientales, debería limitarse a los impactos potenciales resultantes del cambio o ampliación en comparación con el proyecto original.

    1. Cambios en el sector del transporte

    En el sector del transporte, las medidas se pueden tomar en varias vertientes:

    • En las empresas y sedes de empresas de transportes: implementando más instalaciones de energías renovables e introduciendo medidas de ahorro y eficiencia energética.
    • En las estaciones de servicio de combustibles: tienen que ir cambiando su aspecto a electrolineras que oferten gasolina y diésel mientras dura la transición energética, pero ofrezcan también tanto espacios de recarga para vehículos eléctricos como biodiésel, bioetanol, hidrógeno y aire comprimido para transporte terrestre.

    Estas electrolineras o estaciones de servicio de combustibles deberían estar abastecidas mediante energías renovables: fotovoltaica, minieólica, etc., tanto para dar el soporte a los equipos de carga rápida y media de baterías como para producir y almacenar in situ el hidrógeno mediante electrolizadores allí donde fuera necesario.

    Tampoco hay que perder de vista los cambios necesarios en estaciones de abastecimiento de combustible y fuentes alternativas de suministro de energía tanto a los buques en los puertos como a las aeronaves estacionadas en aeródromos y aeropuertos.

    1. Cambios en el sector de la construcción

    En el sector de la construcción es necesario revisar al alza las exigencias de las normativas actuales, incluido el Código Técnico de la Edificación (CTE), en cuanto a niveles de aislamiento en edificios y contribución de las energías renovables en los consumos del mismo. Conviene ir, más pronto que tarde, a estándares de edificios de nueva construcción de consumo energético prácticamente nulo. Cuando se hagan rehabilitaciones energéticas de edificios ya existentes, conviene hacerlas tendiendo al estándar de consumo cero.

    Debe incluirse también la opción de desarrollar tejados solares con una obligación legal gradual de instalar paneles solares en nuevos edificios públicos y comerciales y nuevos edificios residenciales, diferente y complementaria a la que había inicialmente en el CTE y sus primeras versiones.

    Asimismo, debe aumentar a más del doble la tasa de despliegue de bombas de calor e implementarse medidas para integrar la energía geotérmica y solar térmica en los sistemas de calefacción y agua caliente sanitaria comunitarios y de distrito modernizados.

    Estas medidas siempre deben combinarse con otras específicas destinadas a proteger a los consumidores más vulnerables.

    El Plan REPowerEU y su financiación

    Para englobar y adoptar todas estas medidas, la Comisión Europea acaba de presentar el Plan REPower como respuesta a los desafíos que en materia energética hay planteados actualmente.

    Es un plan que no camina solo. Su núcleo impulsor es el Mecanismo de Recuperación y Resiliencia, que se desarrollará con el proyecto y financiación de las necesarias infraestructuras transfronterizas y nacionales, además de otras reformas. El plan total necesitará aproximadamente 300 000 millones de euros de inversión, de los cuales 75 000 vendrán vía subvenciones y 225 000 tienen que llegar a través de préstamos.

    Entre 1 500 y 2 000 millones de euros se destinarán a construir oleoductos en los países de la UE más dependientes del petróleo ruso y otros 10 000 millones de euros se destinarán a gas e infraestructuras de gas natural licuado. Durante esta transición serán necesarios, ya que hay que compensar completamente la pérdida futura de las importaciones de gas y petróleo rusos.

    Sin embargo, el mayor montante de esta financiación se va a dedicar a acelerar la penetración de las energías renovables, cerca de 113 000 millones de euros. De ellos, una partida de 27 000 millones de euros se invertirán en infraestructuras de hidrógeno, unos 29 000 millones de euros se invertirán en la mejora de las redes de distribución de electricidad, 56 000 millones a implantar sistemas de ahorro y eficiencia energética, 41 000 millones a impulsar la adaptación de la industria para reducir el consumo de combustibles fósiles y 37 000 millones a impulsar la producción de biometano para el final de la década.

    Desde la Comisión Europea se ha abierto la puerta a que la financiación de este Plan REpowerEU se conduzca a través del Plan de Recuperación y Resiliencia, utilizando los préstamos todavía no usados al amparo de este plan y que suman un total de 225 000 millones de euros. A todo esto debe sumarse una financiación adicional mediante subvenciones a cargo de la subasta de comercio de derecho de emisiones, por un valor cercano a los 20 000 millones de euros.

    Los resultados que se espera obtener son ambiciosos: bien ejecutado, este plan permitiría a la UE reducir un 66 % las compras de gas ruso este año y liberarse totalmente de esas importaciones en 2030.

    Es importante alcanzar estas metas. No solo para reducir al mínimo nuestra dependencia energética del exterior o forzar un saludable cambio de hábitos y patrones energéticos en los ciudadanos y las empresas, sino también para darle completamente la vuelta a la relación desajustada que hasta ahora hemos mantenido como europeos con la energía que producimos, usamos y consumimos.

    Fuente: Juan José Coble Castro, Director del Máster en Energías Renovables y Eficiencia Energética, Universidad Nebrija.

  • El océano es fundamental para hacer frente al cambio climático. Entonces, ¿por qué se ha descuidado en las conversaciones sobre el clima mundial?

     

     Silas Baisch/UnsplashCC BY

     

    El cambio climático se discute comúnmente como si fuera un fenómeno atmosférico único. Pero la crisis está profundamente entrelazada con el océano, y esto se ha descuidado en gran medida en las conversaciones internacionales sobre el clima.

    Las últimas negociaciones internacionales sobre el clima lograron algunos avances al, por primera vez, anclar los océanos de forma permanente en el régimen multilateral de cambio climático. Pero el Pacto Climático de Glasgow está todavía a leguas de donde debe estar para reflejar adecuadamente la importancia de los océanos para nuestro sistema climático.

    La mayoría de los países tienen objetivos para las emisiones terrestres, pero no existen tales objetivos para los océanos. Sin embargo, el océano juega un papel vital para ayudar a equilibrar las condiciones que los humanos y la mayoría de las otras especies necesitan para sobrevivir, al mismo tiempo que ofrece una parte sustancial de la solución para detener el calentamiento del planeta por encima del límite crucial de 1,5 ℃ en este siglo.

    Entonces, ¿cómo pueden los océanos ayudarnos a abordar la crisis climática? ¿Y qué avances se han logrado en las negociaciones internacionales?

    El increíble potencial del océano
    Desde la industrialización, el océano ha absorbido el 93% del calor generado por el hombre y un tercio del dióxido de carbono antropogénico (CO₂). Las consecuencias de esto son profundas, incluida la expansión térmica del agua (la causa clave del aumento del nivel del mar), la acidificación de los océanos, la desoxigenación (pérdida de oxígeno) y haber forzado que la vida marina se redistribuya a otros lugares.

    Es alarmante que esto algún día lleve al océano a revertir su función de sumidero de carbono y liberar CO₂ de vuelta a la atmósfera, a medida que su capacidad de absorción disminuya.

    Igualmente importante es la mitigación climática basada en los océanos, que podría proporcionar más del 20% de las reducciones de emisiones necesarias para la meta de 1,5 ℃.

     

    Cargo ships

    La industria del transporte marítimo es responsable de aproximadamente el 3% de las emisiones globales. Andy Li/Unsplash, CC BY

     

    Fundamentalmente, debemos ver cambios en las industrias marítimas. La industria del transporte marítimo por sí sola tiene una huella de carbono similar a la de Alemania; si el transporte marítimo fuera un país, sería el sexto mayor emisor del mundo. Aunque ocupa un lugar destacado en la agenda de la Organización Marítima Internacional, la descarbonización del transporte marítimo todavía carece de objetivos o procesos adecuados.

    Los océanos también pueden proporcionar opciones alimentarias sostenibles y seguras para el clima. Los sistemas alimentarios actuales, como la agricultura, la pesca y los alimentos procesados con alto nivel de emisiones, son responsables de un tercio de las emisiones globales. Se pueden obtener considerables beneficios ambientales (y para la salud) cambiando nuestras dietas a “alimentos azules” sostenibles.

    Estos incluyen productos del mar obtenidos de la pesca con prácticas de gestión sostenible, como evitar la sobrepesca y reducir las emisiones de carbono. Los mercados y las tecnologías también deberían orientarse hacia la producción y el consumo a gran escala de plantas acuáticas como los pastos marinos.

    También hay una gran cantidad de oportunidades en el "carbono azul": capturar CO₂ en la atmósfera mediante la conservación y restauración de ecosistemas marinos como manglares, pastos marinos y marismas. Sin embargo, el éxito de las soluciones basadas en la naturaleza depende de un ecosistema oceánico saludable. Por ejemplo, existen preocupaciones emergentes en torno al impacto de la contaminación plástica en la capacidad del plancton para absorber CO₂.

     

    La conservación de los manglares es una forma importante de secuestrar carbono de la atmósfera. Shutterstock

     

    Pero quizás el mayor impacto vendría de la adopción de energía renovable en alta mar. Esto tiene el potencial de ofrecer una décima parte de las reducciones de emisiones que necesitamos para alcanzar la meta de 1,5 ℃. La Agencia Internacional de Energía ha estimado que la energía eólica marina podría proporcionar energía al mundo a un nivel 18 veces superior a su tasa de consumo actual.

    Las conversaciones sobre el clima avanzan lentamente
    Durante más de una década, la inclusión de los océanos en las conversaciones sobre el clima ha sido fragmentaria e inconsistente. Donde han sido parte de las negociaciones, incluso en la COP26, las conversaciones se han centrado en el potencial de las áreas costeras para adaptarse a los impactos del cambio climático, como el aumento del nivel del mar, como se planteó por primera vez en foros internacionales en 1989 por pequeños estados insulares.

    El acuerdo final de la COP26, conocido como Pacto Climático de Glasgow, ha consistido en un leve avance.

    El pacto reconoció la importancia de garantizar la integridad del ecosistema oceánico. Estableció el “Diálogo sobre los océanos y el cambio climático” como un proceso anual para fortalecer la acción basada en los océanos. E invitó a los órganos de la CMNUCC (Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático) a considerar cómo “integrar y fortalecer la acción basada en los océanos en los mandatos y planes de trabajo existentes” e informar al respecto.

     

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    Si bien estas son medidas positivas, en esta etapa no requieren la acción de las partes. Por lo tanto, son solo una inclusión teórica, no orientada a la acción.

    Todavía carecemos de objetivos nacionales y de requisitos internacionales claros y obligatorios para que los países consideren los sumideros, las fuentes y las actividades más allá de la costa en su planificación y presentación de informes climáticos.

    Donde la COP26 avanzó fue en su enfoque en si los impactos y la mitigación de los océanos finalmente se incorporarán a la agenda climática general. Por primera vez en cinco años, se publicó una nueva declaración “Porque el Océano”, que pide la inclusión sistemática de los océanos en el proceso de la CMNUCC y el Acuerdo de París.

     

    Un delegado de Tuvalu, una nación insular del Pacífico que enfrenta la amenaza existencial del aumento del nivel del mar, habla en la COP26. EPA/ROBERT PE

     

    ¿Que hacemos ahora?
    Lo que ahora se necesita es una lista de requisitos obligatorios que aseguren que los países informen y asuman la responsabilidad de los impactos climáticos dentro de sus territorios marítimos.

    Pero como dijo el presidente de la COP26, Alok Sharma, sobre la cumbre en su conjunto, fue una “victoria frágil”. Todavía carecemos de referencias a la coherencia con los mecanismos existentes, como la convención sobre el derecho del mar o cómo se asignará la financiación específicamente a los océanos.

    Como tal, el impacto real de la COP26 sobre la inclusión de los océanos en la acción climática sigue siendo incierto. Dependerá de cómo respondan los órganos de la CMNUCC a estas directivas y de su éxito en extender las obligaciones a los estados partes.

    Responder a la crisis climática significa que debemos dejar de fingir que el océano y la atmósfera están separados. Debemos comenzar a incluir la acción oceánica como una parte rutinaria de la acción climática.

     

    Para ampliar más en relación con este tema recomendamos leer los siguientes artículos: To reach net zero, we must decarbonise shipping. But two big problems are getting in the way COP26 left the world with a climate to-do list: Here are 5 things to watch for in 2022

    Este artículo forma parte de la cobertura de The Conversation sobre la COP26, la conferencia climática de Glasgow, por parte de expertos de todo el mundo. Más artículos relacionados en este enlace.

     COP26: the world's biggest climate talks



    Publicado en  el 19 de noviembre de 2021. Enlace al original: https://bit.ly/30Lcbde

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  • El último informe del IPCC nos exhorta a pasar ya de las palabras a la acción

     Shutterstock / Karl Nesh

    Esta semana se ha publicado la tercera parte del Sexto Informe de Evaluación del IPCC, que corresponde al Grupo de Trabajo III sobre mitigación. A partir de la evaluación de las bases físicas del cambio climático (Grupo de Trabajo I) y de su traducción a impactos físicos y a nuestra vulnerabilidad (Grupo de Trabajo II), estos expertos proponen las acciones más recomendables para reducir estos impactos.

    Un informe de síntesis que llegará en septiembre unirá todos estos contenidos. Pero no hace falta esperar hasta entonces para saber lo que debemos hacer. Nos lo dice ya el documento que acaba de salir.

    No viene mal recordar que, por la propia naturaleza de los informes del IPCC, no hay nada nuevo en ellos: son esencialmente revisiones de la literatura científica, con una priorización o énfasis en los aspectos más consensuados. Para los que siguen las investigaciones u otras fuentes expertas (o como mi blog, por ejemplo) no hay nada revolucionario. Los que no la siguen pueden encontrar una visión muy completa y objetiva de lo que sabemos y lo que no sabemos acerca de este tema.

    Lo malo es que el texto, incluso el resumen para políticos, es complejo y denso, no demasiado sencillo de leer. Tratando de facilitar la tarea, este artículo constituye un resumen en el que subrayo las cuestiones más relevantes, o menos conocidas.

    Para los que quieran ir más allá, recomiendo leer no el resumen para políticos, sino el resumen técnico del nuevo informe. Este segundo es más largo, pero menos mediatizado por los intereses políticos, y más completo.

    Al comienzo del resumen técnico hay una tabla interesantísima que muestra la situación en términos optimistas y pesimistas; resume muy bien y da una visión muy realista de este tema. También cubre aspectos curiosamente no mencionados en el resumen para políticos, pero fundamentales, como el comercio internacional o la fuga de emisiones.

    La reducción de emisiones debe empezar ya

    El primer gran mensaje del informe es que, aunque la tasa de crecimiento de las emisiones se ha reducido algo en la última década, siguen aumentando. Ya son un 54 % mayores que en 1990. Y ya hemos consumido casi todo el presupuesto de carbono que nos queda para llegar a un calentamiento de 1,5 ℃ con una probabilidad mayor del 50 %.

    Por lo tanto, y este es el segundo mensaje relevante, si queremos no superar este grado y medio tenemos que ponernos a reducir nuestras emisiones de gases de efecto invernadero ya (de forma “profunda, rápida y sostenida”), de forma que 2025 marque el máximo de emisiones, y en 2030 las reduzcamos entre un 13 y un 45 %. En 2050 tendríamos que reducirlas entre un 52 y un 76 % para llegar a la neutralidad climática en esa década.

    Si dilatamos las reducciones consumiremos más rápidamente el presupuesto, y por lo tanto tendremos que llegar a la neutralidad antes. Y eso sin entrar en el lock-in, es decir, el problema de construir edificios o industrias ahora, basados en tecnologías intensivas en carbono, que nos aten a unas emisiones elevadas durante mucho tiempo.

    En este punto, el IPCC constata que hay una brecha entre lo que tenemos que hacer, esta reducción de emisiones, y lo que se promete por parte de los países en sus contribuciones nacionales al Acuerdo de París. Si solo cumplimos con estas promesas, el calentamiento esperado en 2100 será de 2,8 ℃.

    Y el informe nos recuerda que hay otra brecha de implementación entre las promesas y la realidad política. Así que la tarea política es enorme, incluso mayor que la tecnológica. Porque ya contamos con muchas tecnologías viables para la transformación, algunas de ellas ya competitivas (como la fotovoltaica o la eólica). Pero tenemos que hacer mucho más.

    ¿Cuáles son las actuaciones prioritarias?

    En primer lugar, el ahorro y la eficiencia, que según el IPCC puede suponer entre un 40 y un 70 % de la reducción a 2050. Esto incluye cambios en ámbitos como los siguientes:

    • En las infraestructuras. Por ejemplo, para hacer edificios que no consuman energía o para reducir las necesidades de movilidad.
    • En las tecnologías de uso final. Empleando vehículos eléctricos o más eficientes, etc.
    • De comportamiento y socioculturales. Aquí se incluyen cambios de dieta, que no son milagrosos, pero algo ayudan, y ajustes en la climatización en edificios.
    • Economía circular. Aumento de la eficiencia en el uso de materiales.

    En segundo lugar, hay que abandonar los combustibles fósiles: el carbón debería reducirse un 95 %, el petróleo en un 60 % y el gas en un 45 %. Respecto al último, sobre todo, la reducción de las fugas de metano es una medida muy, muy eficiente.

    No obstante, en un mensaje muy importante, el IPCC nos dice que todo esto no es suficiente. Que tendremos que utilizar técnicas para eliminar el carbono de la atmósfera y también para capturar carbono de los combustibles fósiles que queden, de la producción de cemento y de la industria química.

    Más aún, en una afirmación seguramente controvertida, el informe advierte que la captura de carbono no podrá estar basada predominantemente en los sumideros naturales (reforestación, etc.) porque es menos fiable que el almacenamiento geológico. Así que es fundamental impulsar las tecnologías de biomasa con captura, prestando mucha atención a sus potenciales impactos negativos, y las de captura directa de CO₂ del aire.

    Los biocombustibles podrán ayudar a corto y medio plazo, en los sectores más complicados, pero también hay que cuidar mucho sus riesgos.

    Ciudades e industria, las dos protagonistas

    Todo lo anterior va a tener lugar en dos terrenos de juego, fundamentalmente: las ciudades y la industria.

    El proceso de urbanización va a seguir avanzando. Por tanto, es fundamental diseñar bien las estructuras urbanas desde el principio en estas ciudades en expansión, así como rediseñar las existentes de forma que minimicemos el consumo de energía.

    En cuanto a la industria, es preciso rescatar la política industrial y la colaboración internacional, porque la descarbonización industrial va a cambiar las cadenas de valor, desplazándolas hacia regiones con abundantes recursos energéticos bajos en CO₂.

    Para lograr toda esta transformación hacen falta cambios sistémicos. Hay que cambiar nuestro paradigma de desarrollo hacia uno basado en la sostenibilidad y hay que implantar paquetes de políticas lo más amplios posible con medidas que estimulen la innovación, que cambien comportamientos, que regulen la inversión financiera y que establezcan una gobernanza adecuada del proceso.

    Por ejemplo, si queremos reducir las emisiones de los edificios hace falta combinar objetivos de eficiencia, códigos de edificación, instrumentos de información, precios al carbono, asistencia financiera… Si solo planteamos actuaciones parciales, nunca llegaremos a los objetivos.

    ¿Cuánto va a costar todo esto?

    Una de las barreras fundamentales para plantear estas políticas ambiciosas es su coste. El IPCC nos dice que llegar a los objetivos necesarios en 2050 va a suponer una reducción de un 2 % del PIB –que por otra parte aumentará un 100 %–. Esto parece muy asumible, más aún teniendo en cuenta todos los beneficios (no incluidos en la cuenta anterior) de evitar el cambio climático y de reducir la contaminación.

    Sin embargo, el informe nos recuerda que habrá perdedores, entre otras cosas porque el impacto será desigual por regiones y sectores. Por tanto, el elemento de justicia es absolutamente central, no solo por sí mismo, sino también para facilitar la transición.

    Otra potencial barrera es la financiación. Hará falta aumentar la inversión de 3 a 6 veces con respecto a los niveles actuales, sobre todo en el sector primario y en los países en desarrollo. Lo bueno es que hay suficiente capital y liquidez a nivel global. Pero sigue habiendo muchos problemas para desplegar este dinero y la cooperación internacional es esencial para ello.

    El último mensaje importante del informe es que todo esto no puede ser incompatible con seguir trabajando por dar acceso a la energía moderna a los más de 2 000 millones de personas que no la tienen, porque su traducción a emisiones es casi despreciable.

    El problema no son los pobres, sino los ricos: el 10 % de los hogares es responsable del 40 % de las emisiones, el 40 % es responsable de otro 45 % y el 50 % de los hogares restantes de un 15 %. Es importante, pues, trasladar el mensaje de responsabilidad común, pero diferenciada no solo entre países, sino también dentro de los países.

    Fuente: Pedro LinaresProfesor de Organización Industrial de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería ICAI, Universidad Pontificia Comillas

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