espectrobroken.gif
lenticularmadrugador.gif
arreboladapirenaica.gif

Inundaciones

  • ¿Puede la inteligencia artificial ayudar a predecir inundaciones?

     4- 6 minutos

    Inundaciones en Sant Joan Les Fonts, La Garrotxa, Girona, en enero de 2020. Shutterstock / AlbertoGonzalez

    El estudio actual de la hidrología se enfrenta a numerosos retos. Los efectos del calentamiento global se hacen patentes en forma de precipitaciones extremas que derivan en catástrofes para la sociedad. Tenemos ejemplos recientes de riadas con efectos devastadores este verano en AlemaniaChina, Japón y España.

    La creciente intervención humana sobre el territorio genera alteraciones muy significativas en las condiciones de drenaje natural de las cuencas hidrográficas –porciones de terreno cuyas aguas afluyen todas a un mismo cauce– y de los movimientos de agua subterránea.

    ¿Qué ocurre con la lluvia en la superficie?

    La hidrología en una cuenca es el resultado de la interacción de múltiples procesos muy variables en el espacio y en el tiempo. Dentro de una misma cuenca, puede llover con diferente intensidad en distintos lugares y esas tormentas pueden evolucionar de forma diferente.

    La precipitación caída puede infiltrar a distintas tasas en diferentes lugares de la cuenca. Estas tasas dependerán no sólo de la ocupación del suelo, sino también de otros parámetros como sus propiedades físicas o, incluso, su contenido inicial de humedad.

    La porción de lluvia no infiltrada discurre hacia los cauces de los ríos en superficie a velocidades variables o puede detenerse en almacenamientos intermedios y alcanzar el cauce principal en distintos momentos.

    Por último, una avenida o crecida avanza a lo largo del cauce principal con aportes continuos en cada punto del mismo. Su velocidad depende principalmente de las características geométricas del cauce.

    La integración de todos estos procesos genera un sistema con gran variabilidad espacial y temporal, extremadamente complejo de plasmar en un modelo hidrológico para toda la cuenca. El comportamiento conjunto del sistema determina, a grandes rasgos, la aparición de inundaciones y sus consecuencias.

    Modelos para estudiar las cuencas hidrográficas

    Para abordar el estudio de tales sistemas existen modelos de base física muy robustos conceptualmente, pero matemáticamente difíciles de manejar. Su uso a escala de cuenca hidrográfica es muy complejo en la práctica puesto que necesita información muy detallada. También existen modelos empíricos de uso muy frecuente a pesar de que su aplicación generalizada no deja de ser discutible.

    En este contexto, los hidrólogos más reputados reconocen que los modelos existentes son incapaces de aportar soluciones adecuadas a las necesidades actuales de la hidrología. Estos expertos cuestionan si los modelos actuales son capaces de representar los procesos hidrológicos de forma adecuada a diferentes escalas. Además, llaman a desarrollar técnicas novedosas para la adquisición de datos experimentales sobre los procesos y al uso de datos históricos como base sobre la que construir modelos hidrológicos.

    Paradójicamente, a pesar de que existen infinidad de técnicas muy precisas para la medida de variables hidrológicas (precipitación, infiltración, humedad en el suelo, niveles de agua en cauces), los expertos reconocen la falta de datos de calidad. Advierten que esto, en mayor medida que la disponibilidad de modelos conceptualmente indiscutibles, es clave para avanzar en el conocimiento de los procesos hidrológicos.

    Uso de algoritmos de inteligencia artificial

    El uso de datos históricos para construir modelos a partir de algoritmos de inteligencia artificial o de aprendizaje automático ha experimentado un gran auge en los últimos tiempos. Se han utilizado para modelizar de forma muy precisa multitud de fenómenos como la precipitación en el tiempo (tanto a nivel mensual o estacional como a muy corto plazo), para predecir niveles de flujo en cauces tras tormentas o incluso para identificar las zonas del territorio susceptibles a la aparición de inundaciones y los niveles esperados de tales inundaciones.

    Estos algoritmos son muy eficientes para extraer la información contenida en series de datos y muy útiles de cara a clasificar la información o predecir la evolución de los fenómenos hidrológicos. Además, el uso de estas herramientas, y con ello sus posibilidades para aportar información útil para la comprensión de la hidrología, se ve muy favorecido por el desarrollo de las técnicas de medida gracias a los recientes avances en microelectrónica y comunicaciones que permiten desplegar sensores muy precisos o usar drones o satélites.

    Sin embargo, estos avances no han sido suficientes. Los hidrólogos todavía no se encuentran satisfechos con los modelos ni con su capacidad para predecir la evolución de los fenómenos hidrológicos. Tampoco creen que los datos recopilados sean suficientemente representativos de los fenómenos a estudiar.

    En cierto modo, la capacidad para mejorar el conocimiento de los sistemas hidrológicos y con ello modelizar y predecir mejor su evolución de cara a prevenir inundaciones debe nacer de un cambio de paradigma. Un enfoque radicalmente distinto acorde a las exigencias actuales es necesario. Los fundamentos físicos de los sistemas hidrológicos datan en su mayoría de principios del siglo XX o finales del siglo XIX y la forma en la que se interpretan y se resuelven debe adaptarse al contexto actual y a las herramientas disponibles.

    El uso de los algoritmos de inteligencia artificial ensamblados y a disposición de los modelos de base física es un camino poco explorado y que puede aportar nuevas perspectivas interesantes de cara a la mejora de la capacidad de predicción de los modelos.

    Por otra parte, el cambio de paradigma también debe considerar que la hidrología actual no debe basarse únicamente en la predicción de (protección ante) fenómenos extremos, sino que el contexto impone desarrollar medidas que también permitan aprovechar la escorrentía de la inmensa mayoría de las tormentas en tanto que recurso escaso y no únicamente evitar los efectos perniciosos de aquellas tormentas que ocurren con una frecuencia muy escasa.

    Fuente:

    • Sergio Zubelzu Profesor de Hidrología, Ingeniería Hidráulica y Riego, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)
    • Sara Esperanza Matendo Matendo PhD Candidate, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)
    • Víctor Galán Vaquerizo PhD candidate in Agroengineering, Universidad Politécnica de Madrid (UPM)
  • El cambio climático hizo más probables las inundaciones en Europa Occidental

    Noticia de la OMM

    El cambio climático ha hecho que los eventos de precipitaciones extremas similares a los que llevaron a las inundaciones del mes pasado en Alemania, Bélgica, los Países Bajos y Luxemburgo sean entre 1,2 y 9 veces más probables, según un estudio de atribución rápido realizado por un equipo internacional de científicos del clima , que También encontró que tales aguaceros en la región son ahora entre un 3 y un 19% más pesados ​​debido al calentamiento causado por los humanos.

    Los resultados refuerzan las conclusiones del nuevo informe del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC) , que dijo que ahora hay evidencia inequívoca de que los humanos están calentando el clima del planeta y el cambio climático causado por los humanos es el principal impulsor de los cambios en los extremos climáticos. El informe encontró que, a medida que aumentan las temperaturas, Europa occidental y central estará expuesta a crecientes lluvias e inundaciones extremas.

  • El estudio de los registros oceánicos de dos misiones científicas del siglo XIX nos ayuda a predecir las sequías e inundaciones del siglo XXI y nos muestra como en la naturaleza todo está complejamente interrelacionado.

    Predecir sequías e inundaciones: por qué estamos estudiando los registros oceánicos del siglo XIX

     

    Alybaba/Shutterstock 

     

    Las inundaciones han causado daños sin precedentes en Europa recientemente, mientras que en la ciudad china de Zhengzhou, el equivalente a un año de lluvia promedio cayó en solo tres días. En marcado contraste, el calor extremo y las sequías han generado incendios forestales y causado cientos de muertes en el noroeste de Estados Unidos.

    Es probable que este tipo de clima extremadamente húmedo o seco se vuelva más común a medida que se intensifica el cambio climático. Esto se debe a que en un mundo más cálido, aumentarála cantidad de humedad que puede contener la atmósfera. Como regla general, por cada incremento de temperatura de 1 °C, la cantidad de humedad que la atmósfera puede almacenar aumenta hasta en un 7%.

    Más humedad significa mayores precipitaciones extremas. Perversamente, también significa que las regiones secas pueden perder más agua a la atmósfera por evaporación, por lo que las sequías podrían prolongarse e intensificarse.

    Saber cómo varió la lluvia en el pasado puede ayudar a los científicos a predecir cambios futuros, y cuanto más largo sea el registro, más valioso será. Pero, ¿cómo podemos evaluar cómo han cambiado los patrones de lluvia en todo el mundo durante décadas e incluso siglos, dado que solo recientemente hemos podido realizar mediciones globales precisas gracias a la tecnología satelital?

    Una nueva técnica utiliza la salinidad del océano en su superficie para pronosticar cómo cambiarán las precipitaciones estacionales sobre la tierra. La salinidad superficial promedio del océano es cercana a los 35 g de sal por cada kilogramo de agua de mar. Pero las áreas en los subtrópicos, donde se evapora mucha agua, son más saladas, mientras que las regiones polares y los trópicos son menos saladas, lo que refleja la cantidad de nieve y lluvia que tienden a recibir. Básicamente, los científicos han ideado una forma de utilizar el océano como un enorme pluviómetro.

    Midiendo la lluvia

    Usando mediciones de barcos de investigación y boyas, los científicos han demostrado que desde la década de 1950, las áreas saladas del océano se han vuelto más saladas y las áreas de agua menos salada menos saladas aún. Esto confirma que el ciclo global del agua de evaporación y precipitación se ha intensificado durante los últimos 70 años.

    Pero para comprender cómo el cambio climático acelerará este proceso, sería útil saber cómo eran las salinidades de los océanos al principio de la era industrial, antes de que estuvieran disponibles las observaciones científicas del océano global.

    Afortunadamente, hubo dos viajes oceanográficos pioneros alrededor del mundo en la década de 1870. El del HMS Challenger (1872-1876), dirigido por Sir John Murray, es ampliamente considerado como el comienzo de las ciencias marinas a gran escala. Sus numerosos informes documentan nuevos descubrimientos en biología y geología marinas, así como en química y física de los océanos.

    Menos conocido es el viaje del SMS Gazelle de la Armada alemana (1874-1876) que realizó medidas similares al Challenger. Ninguno de los barcos midió la salinidad, un concepto mal definido en aquellos días, pero midieron cuidadosamente la gravedad específica de las muestras de agua de mar.

    Nota del traductor: HMS son las siglas de un acrónimo naval del inglés para "His/Her Majesty's Ship" que en español se traduce por "Buque de Su Majestad". En el caso de Alemania se emplea el acrónimo SMS que son las siglas de "Seiner Majestät Schiff " que también significa "Buque de Su Majestad".

     

    A contemporary drawing of a 19th-century research vessel.

    El HMS Challenger en el Océano Austral. William Frederick Mitchell. 

     

    Convertimos estos valores de gravedad a salinidad, lo que nos permitió comparar los cambios en la salinidad del océano que ocurrieron antes y después de la década de 1950. Nuestra investigación mostró que la tendencia de que las áreas saladas del océano se vuelvan más saladas y las áreas menos saladas se vuelvan aún menos saladas también se mantuvo entre las décadas de 1870 y 1950.

    Sin embargo, la tasa de cambio durante esos 80 años, a principios de la era industrial, fue la mitad de la tasa entre la década de 1950 y la actualidad. En términos simples, la tendencia se está acelerando, coincidiendo con la aceleración de los cambios de temperatura de la superficie del mar durante los últimos 150 años. El ciclo del agua se ha intensificado desde la época victoriana, haciendo que las inundaciones, las sequías y los incendios forestales sean más frecuentes e intensos.

     

    A world ocean map with rising and falling salinity levels highlighted.

    La salinidad cambia en el océano desde la década de 1950. Nature Communications in Earth and EnvironmentCC BY

     

    Para desentrañar la complicada relación entre la salinidad de la superficie del océano, las precipitaciones y las temperaturas del aire y del mar, se utilizan modelos complejos del océano y la atmósfera, ejecutados en grandes ordenadores. Podemos estar seguros de que las temperaturas globales seguirán aumentando con la emisión continua de gases de efecto invernadero. Y nuestra confianza en las predicciones científicas de futuras inundaciones y sequías también puede aumentar si esos mismos modelos reproducen los cambios en la salinidad del océano que se han medido desde el siglo XIX, así como los cambios más rápidos desde mediados del siglo XX.

    Como han demostrado los recientes fenómenos meteorológicos extremos, esto no es solo de interés académico, sino que determinará el curso de millones de vidas.

     

    Publicado el  26 de julio de 2021 en The Conversation. Enlace al artículo original: https://bit.ly/3fo86jk

    Cláusula de Divulgación

    Robert Marsh received funding from NERC.

    Stuart Cunningham received funding from NERC.

    Simon Alasdair Josey y William John Gould no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

    Nuestros socios

    University of Southampton aporta financiación como institución colaboradora de The Conversation UK.

    Ver todos los asociados

     

  • En 20 años, el riesgo de inundaciones costeras ha aumentado un 50%

    Una recreación de la ciudad de Miami (Estados Unidos) inundada. Esta metrópoli es una de las más expuestas a los riesgos de inundación. Shutterstock

    6 -7 minutos

    Entre 1993 y 2015, el riesgo de inundaciones marinas aumentó casi un 50 % a escala mundial, según un estudio internacional coordinado por el Instituto de Investigación para el Desarrollo de Francia (IRD) con investigadores del Centro Nacional de Estudios Espaciales (CNES) y el centro de análisis del océano Mercator Ocean, publicado recientemente en la revista Nature Communications .

    Combinando los datos de los satélites y los modelos numéricos, demostramos que estos riesgos de inundación van a acelerarse, especialmente en la zona intertropical.

    Esta situación se explica por una combinación de factores. Entre ellos figura la subida global del nivel del mar, pero también el romper de las olas contra las costas, un fenómeno importante que hasta ahora se ha tenido poco en cuenta en las previsiones climáticas debido a su complejidad.

    Actualmente, el mar sube una media de unos 3 milímetros al año, según los escenarios de emisiones de gases de efecto invernadero adoptados. Este nivel podría alcanzar los 80 cm a finales del siglo XXI.

    El papel del cambio climático

    Las regiones costeras bajas –como las costas arenosas de África Occidental y los grandes deltas, como la región del Ganges-Brahmaputra– albergan a casi el 10 % de la población mundial.

    Estas zonas con ecosistemas únicos y sensibles, como las lagunas costeras con su rica biodiversidad o los fértiles suelos aluviales utilizados para la agricultura en el delta del Mekong (Vietnam), están sufriendo la erosión costera debido a las actividades humanas: el déficit de arena en el litoral debido a las presas en los ríos que bloquean la afluencia, la extracción incontrolada de arena, el hundimiento del suelo relacionado con el bombeo de aguas subterráneas y la urbanización… También están expuestas a la subida del nivel del mar.

    Y están sometidas a peligros devastadores, ya sea la inmersión y/o la inundación. Recordemos las tormentas Katrina y Xynthia, que azotaron Estados Unidos en 2005 y Europa en 2010; o el tifón Haiyan, el mayor ciclón tropical jamás registrado, que azotó Asia en 2013.

    El tifón Haiyan golpea Filipinas (Euronews, noviembre de 2013).

    Estos fenómenos episódicos se ven exacerbados por el calentamiento global y las presiones antropogénicas: desarrollo urbano y costero, desarrollo de infraestructuras turísticas y portuarias, urbanización galopante y densificación urbana.

    Así, se prevé que la ciudad de Miami (Estados Unidos) se convierta en una de las metrópolis más expuestas a eventos de inmersión marina en los próximos años.

    La magnitud y la frecuencia de estos peligros siguen siendo inciertas. Pero los científicos creen que los países de la zona intertropical –como los de África Occidental y el Sudeste Asiático– serán especialmente vulnerables, sobre todo porque albergan metrópolis densamente pobladas en cotas bajas con escasa o nula protección –a diferencia de los Países Bajos, donde se ha establecido un sistema de diques y dunas de protección para hacer frente a los peligros meteorológicos extremos.

    La acción de las grandes olas

    Estos episodios de inmersión marina se producen cuando el nivel extremo de las aguas costeras supera la elevación máxima de la costa (duna, acantilado, dique).

    Las consecuencias son importantes: ruptura de la protección e inundación de zonas que antes no estaban afectadas. Así ocurrió durante la tormenta Xynthia en 2010 en Francia, o durante el Katrina en Estados Unidos.

    Los científicos han observado que este nivel extremo es el resultado de una combinación de varios procesos: el nivel regional del mar, la circulación oceánica, la transferencia de masa de los continentes al océano (casquetes de hielo, aguas terrestres, glaciares), el “oleaje” (es decir, la subida del nivel del agua por encima del nivel de reposo) durante las tormentas debido a la presión atmosférica y los vientos, la marea y, por último, los efectos del romper de las olas.

    A pesar del importante papel de las olas oceánicas en la determinación del nivel del mar en la costa, su contribución se ha descuidado en gran medida en los modelos de predicción de riesgos de inundación debido a la falta de una topografía costera suficientemente precisa.

    Identificar los “puntos calientes”

    En nuestro estudio, combinamos el uso de un novedoso modelo numérico global del nivel del mar en la costa, que incluye el efecto transitorio de las olas de elevación de la superficie, con una nueva estimación de los niveles extremos alcanzados. Para ello, se utilizaron datos de altimetría por satélite de radar para supervisar el aumento del nivel del mar y se tuvieron en cuenta las mareas, los análisis del oleaje y las medidas naturales y artificiales de protección de la costa.

    Hemos cuantificado el aumento global de las inundaciones marinas en el periodo 1993-2015. Para ello, especificamos dos parámetros clave de la topografía costera utilizando datos satelitales: la pendiente y la elevación subaérea máxima de estas zonas.

    El nivel de agua costero extremo se calculó con una resolución horaria para identificar el número potencial de horas de ruptura de la protección costera en cada zona sobre una base anual. El resultado es que, en 23 años, el número de horas anuales de inundaciones marinas agregadas a nivel mundial ha aumentado casi un 50 %. Hemos pasado de 10 000 horas anuales a más de 15 000.

    La combinación de mareas y grandes olas (de hasta 10 metros) es el principal factor que contribuye a este aumento.

    Se han identificado varios “puntos calientes”: el golfo de México, el sur del Mediterráneo, África Occidental, Madagascar y el mar Báltico. Aquí, el aumento del riesgo de inmersión marina es mayor debido a las costas bajas y desprotegidas (natural o artificialmente).

    Aceleración en décadas futuras

    Nuestro trabajo también incluye un componente de previsión para el siglo XXI, basado en diferentes escenarios de aumento del nivel del mar.

    El número de horas de posibles inundaciones podría aumentar considerablemente de aquí a finales de siglo, a un ritmo más rápido que la subida media del nivel del mar: es decir, el peso de cada milímetro de subida no es constante y aumenta, y el riesgo de que se rompan las protecciones costeras crece.

    Esta aceleración de la inundación marina es exponencial y será claramente perceptible a partir de 2050, sea cual sea el escenario climático.

    A finales de siglo, la intensidad de la aceleración dependerá de las trayectorias de las emisiones de gases de efecto invernadero y, por tanto, de la subida del nivel del mar. En caso de emisiones elevadas, el número de horas de inundaciones marinas podría multiplicarse por 50 en comparación con las actuales.

    Estas cifras ponen de manifiesto la magnitud del reto al que se enfrenta la comunidad internacional: la necesidad de protección no tiene precedentes. También debemos cambiar la forma de utilizar las zonas costeras que están muy expuestas a estos peligros marinos.

    Cada vez más regiones estarán sometidas a este riesgo, especialmente las de la zona intertropical, así como el noroeste de Estados Unidos, Escandinavia y el extremo oriental de Rusia.

    Se necesitan más estudios, a escala local y regional, para detallar estas proyecciones globales. Esto proporcionará una base sólida para proponer medidas de adaptación eficaces, especialmente en los puntos calientes identificados.

    Cristelle Duos (IRD) es coautora de este artículo.

    Este artículo fue publicado originalmente en francés

    Fuente: Chercheur en dynamique littorale, Institut de recherche pour le développement (IRD)

  • La arena que marca el paso del tiempo desaparece paulatinamente en las costas de Inglaterra en medio de la crisis climática

     

    Coastal erosion at Weybourne, Norfolk.

     Erosión costera en Weybourne, Norfolk. Fotografía: Dylan García Fotografía / Alamy

     

     A lo largo de la costa este, las atracciones costeras están siendo demolidas y millones de hogares están en riesgo debido a que el aumento del nivel del mar acelera la erosión.

     

    Desde la distancia, la playa de Winterton-on-sea en Norfolk parece la escena inicial de Salvar al soldado Ryan, con cientos de cuerpos grises inmóviles sobre la arena. En una inspección más cercana, queda claro que no son soldados caídos, sino una enorme colonia de focas llegadas a tierra para la temporada de cría.

    Es una vista anual asombrosa que atrae a turistas y amantes de la naturaleza de todo el país, pero se está produciendo otro proceso que está haciendo retroceder a la gente: la creciente amenaza de la erosión costera. Justo al lado de donde yacían los ejércitos de focas grises con sus cachorros blancos, solía estar el Dunes Cafe, una instalación de playa muy querida con una clientela numerosa y leal.

    Hace un año fue demolido para evitar su inminente derrumbe como consecuencia de la pérdida de tierra en el mar y las tormentas. El suelo donde estaba, como el café mismo, ya no está allí. Es una historia de desaparición que tiene lugar a lo largo de la costa este de Inglaterra, pero particularmente en East Anglia, esa protuberancia bulbosa que se adentra en el Mar del Norte.

    Que el cambio climático y el aumento del nivel del mar hagan mella en el paisaje es una vieja historia, pero con un nuevo giro urgente. "El nivel del mar ha estado subiendo desde la última edad de hielo, hace unos 20.000 años", señala Jim Hall, profesor de riesgo climático y ambiental en el Instituto de Cambio Ambiental de la Universidad de Oxford. “Y va más rápido. Probablemente no estemos viendo mucho su efecto todavía en la costa, aunque lo veremos en el futuro ".

     

    Local resident Antony Lloyd

    El residente local Antony Lloyd teme que pronto tendrá que mudarse de la zona tras el colapso del acantilado en Mundesley, Norfolk, el mes pasado. Fotografía: Joe Giddens / PA

     

    Un informe de 2020 del Comité de Cambio Climático, en el que Hall participa como experto en erosión costera e inundaciones, encontró 1,2 millones de casas con un riesgo significativo de inundación y otras 100.000 sujetas a erosión costera para 2080. Este intervalo de tiempo, aunque parezca lejano y ofrezca una falsa idea de seguridad, afectará a la mayoría de los nacidos en lo que va de siglo.

    Hace dos años, el grupo de investigación sobre el cambio climático con sede en Estados Unidos, Climate Central, fue más allá. Produjo un mapa que mostraba áreas del Reino Unido en riesgo de estar bajo el agua para 2050. Incluían secciones del norte de Norfolk, toda la costa de Lincolnshire y gran parte de Cambridgeshire, junto con partes de East Yorkshire, Merseyside y el área de Bristol. Según el grupo, esto sucedería incluso si se hicieran intentos "moderados" para combatir el cambio climático.

    Tales predicciones se basan en modelos altamente complejos y controvertidos, pero hay señales de advertencia importantes de que tal resultado se está volviendo rápidamente más plausible. El mes pasado, los científicos que monitoreaban el glaciar Thwaites en la Antártida, una plataforma de hielo del tamaño de Gran Bretaña, advirtieron que está en peligro de colapso.

    "Se está derritiendo desde abajo por las cálidas aguas del océano, lo que hace que pierda su control sobre la montaña submarina", dijo Peter Davis de British Antarctic Survey y la International Thwaites Glacier Collaboration.

    Dijo que la investigación sugiere que la plataforma de hielo comenzará a romperse dentro de dos décadas. Si hubiera un colapso completo, conduciría a un aumento muy importante del nivel del mar de 60 cm. Ese puede ser el peor de los casos, pero es casi seguro que tendrá un impacto notable en la costa británica.

     

    Houses left perilously close to the cliff collapse in Mundesley

    Casas abandonadas peligrosamente próximas al colapso del acantilado en Mundesley. Fotografía: Joe Giddens / PA

     

    En cierto sentido, Norfolk es una lección en tiempo real sobre cómo el clima y el mar pueden alterar drásticamente un paisaje. Después de que se desmanteló el Dunes Café, un chef llamado Alex Clare instaló un café Airstream plateado móvil para atender a los lugareños y visitantes en el estacionamiento al lado de donde una vez estuvo el café. Tuvo que mover el Airstream cuatro veces en ocho meses, ya que secciones de las dunas en las que se encuentra el estacionamiento se derrumbaron en el mar bajo la presión de las tormentas y las mareas altas.

    “En las últimas dos semanas”, me dijo Clare, “una franja tan larga como esta caravana ha desaparecido. Escuchas sobre la erosión, pero no sabes lo que significa, lo que implica, hasta que lo presencias. Y es un shock ver la transformación física ".

    El propietario del aparcamiento ha intentado frenar la erosión colocando grandes bloques de hormigón en la playa, pero es la constatación de una batalla perdida.

    La costa de Winterton posee una belleza desoladora, realzada por el hecho de que el pueblo se encuentra detrás del mar, tras una amplia pared de dunas. Por el contrario, en Hemsby, una milla más o menos al sur, la ciudad, con sus salas de juegos y ferias, se extiende hasta la costa. Hace cuatro años, había una línea de siete chalés cerca del borde de los acantilados de arena que descienden hasta la playa.

    Todos tuvieron que ser derribados cuando la tierra debajo de ellos comenzó a caer al mar. El consejo local está estudiando las defensas contra el mar, pero la única respuesta viable implica una inversión a gran escala y un importante proceso de paisajismo en la arena. Eso es lo que ocurrió en Bacton, 15 millas al norte a lo largo de la costa de Winterton.

     

    Chalets teeter on the edge following tidal surges in Hemsby, Norfolk, in 2013

    Los chalés se tambalean en el borde después de las marejadas en Hemsby en 2013. Fotografía: Nature Photographers Ltd / Alamy

     

    Se construyó una duna de cuatro millas de largo para proteger la Terminal Bacton, que suministra alrededor de un tercio del gas del Reino Unido y se había estado acercando constantemente al borde del acantilado, literal y metafóricamente. Diseñado por la empresa de ingeniería holandesa Royal HaskoningDHV, implicó la colocación de 1,8 millones de metros cúbicos de arena a lo largo de las playas cercanas a la terminal.

    El diseño se basa en que la arena se desplaza a su lugar por el viento, las olas y las mareas. Los holandeses son líderes mundiales en la recuperación y protección de tierras, y a lo largo de los años han recuperado más de una sexta parte de la masa continental de Holanda al mar.

    “A largo plazo”, dice el profesor Hall, “cualquier protección costera es temporal. Hemos estado haciendo ingeniería para proteger la costa durante mucho tiempo. Casi la mitad de la costa del Reino Unido tiene algún tipo de protección: malecones, revestimientos, paseos, ese tipo de cosas. Los victorianos fueron inveterados constructores de paseos ".

    Tales protecciones no detienen el aumento del nivel del mar. Simplemente fijan, por un tiempo, la punta del perfil de la orilla. En Happisburgh, cerca de Bacton, los revestimientos de madera hicieron ese trabajo, hasta que colapsaron hace 20 años, lo que provocó una exposición repentina y dañina al mar.

    “Una vez que se pierde la protección, hay mucha capacidad de erosión reprimida”, dice Hall.

    Aunque hay una creciente cobertura mediática de la erosión costera, es como dijo Alex Clare: conocer el asunto no es lo mismo que experimentarlo. "Hay un poco más de reconocimiento de que el nivel del mar está aumentando rápidamente", dice Hall. "Pero no creo que las comunidades costeras hayan entendido realmente lo que depara el futuro". Él cree que debería haber una “conversación honesta” entre el gobierno, el gobierno local y las comunidades afectadas.

     

    Previsión de áreas costeras que en 2050 estarán por debajo del nivel anual de inundación. Gráfico de The Guardian. Fuente: Climate Central

     

    Si bien habrá que encontrar el dinero necesario para proteger ciudades como Londres y Hull, no es probable que ocurra con pueblos aislados. Cuando visité Norfolk el mes pasado, los lugareños parecían fatalistas o negaban, señalando que la situación era peor en algún otro lugar, ya sea más hacia arriba o abajo de la costa. Mientras conducía de regreso, comenzó a llover y esa noche el tiempo empeoró. Al día siguiente, hubo un gran deslizamiento de tierra en Mundesley, cerca de Bacton, y una gran parte del acantilado se derrumbó sobre la playa. Por encima de él, las casas estaban al borde del precipicio, su futuro parecía tan seguro como la posición de Norwich en la Premier League.

    Como dijo Pete Revell, gerente de la estación de Bacton HM Coastguard, Mundesley se consideraba estable en comparación con la cercana Happisburgh, y el deslizamiento de tierra fue "un poco sorprendente". Ciertamente sorprendió al residente local Antony Lloyd, quien explicó que estaba "muy nervioso y agitado por cualquier incidente adicional". Le costaba dormir y pensó que tendría que moverse.

    Por supuesto, los deslizamientos ocasionales de tierra o la pérdida de chalés junto a la playa no es motivo de pánico nacional. Pero como canarios en una mina de carbón, los habitantes de las aldeas que se encuentran a lo largo de la cambiante costa de Norfolk son una advertencia de un futuro preocupante. Hay procesos en curso cuyos resultados son inevitables y otros que potencialmente pueden ser detenidos. Pero requerirá una previsión inquebrantable y una acción a largo plazo, ninguna de las cuales son nuestros puntos fuertes nacionales.

    Si toma el camino hacia el norte desde el estacionamiento de la playa de Winterton, llegará al santuario de focas acordonado. Más allá, las focas y sus cachorros yacen inmóviles y vulnerables en las dunas, a cientos de metros de la orilla, como si esperaran que el mar los rescatara. Y llegará, no ahora ni el año que viene, pero mucho antes de lo que pensamos.

     

    Publicado enThe Guardian el 1 de enero de 2022 por Andrew Anthony. Enlace al original: https://bit.ly/3qHXDUX

     

     

     

     

     

     

     

     

     

  • Por qué el creciente impacto de las inundaciones no se debe solo al cambio climático

    Parque inundado en Tordesillas (Valladolid). Shutterstock / pmiguel2

     

    Las imágenes que vimos hace poco de Benicàssim tras unas lluvias que acumularon más de 200 l/m² en pocas horas, el vídeo viral en las redes del metro inundado en China, las trágicas inundaciones que asolaron pueblos alemanes a principios de verano, las lluvias torrenciales en el Sahel…

    Podríamos construir una lista cada vez más larga con las inundaciones que cada día se producen en el mundo y concluir que están aumentando para acabar justificando que es consecuencia del cambio climático. Pero ¿estaríamos en lo cierto?