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Agricultura

  • ¿Son sostenibles los invernaderos?

    Invernadero de investigación en la UAL. Araceli Peña FernándezAuthor provided

     

    A primera vista puede parecer impactante, pero está demostrado que el agrosistema invernadero, especialmente los que no consumen combustibles fósiles, como es el caso de los invernaderos solares de Almería, son respetuosos con el medio ambiente. Son, además, una herramienta esencial para garantizar el derecho universal a la alimentación.

    La Tierra se encuentra muy presionada por la actividad humana. La población, en constante aumento, necesita alimentarse, pero también garantizar la salud del planeta si quiere sobrevivir. En este entorno se enmarca la intensificación sostenible o, lo que es lo mismo, “producir más con menos”. Y es aquí donde entran en juego los invernaderos del sureste español.

    El sector debe trasladar al consumidor final las bondades del agrosistema invernadero y encarar los grandes retos para mejorar su imagen y afrontar, aun sabiendo que es complicado resolver problemas globales de manera local, el impacto de los flujos internacionales de inmigración irregular. Siempre innovador desde el minuto cero en 1963, cuando se construyó el primer invernadero en la península ibérica, afronta un futuro prometedor. Así lo muestra su solvencia económica, social y ambiental.

    Sostenibilidad económica

    Basados en la agricultura familiar, los invernaderos de Almería son un ejemplo único en el mundo de reparto de riqueza. Las más de 32.000 hectáreas de invernaderos en la provincia son en realidad un mar de pequeños minifundios gestionados por más de 15 000 familias que producen alimentos muy saludables de forma respetuosa con el medio ambiente.

     

    Evolución de la producción hortícola almeriense. Cajamar / SOIVRE / Delegación Provincial de la Consejería de Agricultura, Ganadería, Pesca y Desarrollo Sostenible de la Junta de Andalucía

     

    Anualmente producen más de tres millones y medio de toneladas de frutas y hortalizas, exportando el 80 % a los mercados europeos. Facilitan así el consumo de alimentos saludables a 500 millones de ciudadanos en épocas del año en las que la producción continental no es posible por el rigor climático. Además, incide positivamente, exportando salud, sobre una población afectada por problemas como la obesidad, la diabetes, el cáncer y muchas enfermedades inflamatorias. El consumo de frutas y hortalizas actúa como la mejor medicina.

    El sector representa casi el 40 % del producto interior bruto de la provincia, con una pujanza cada vez mayor de la industria auxiliar. Ambos tienen en su ADN la investigación y la innovación, donde la Universidad de Almería tiene un papel relevante y una gran capilaridad en el clúster agroalimentario.

    Andalucía, gracias a los invernaderos de Almería, es una región líder en Europa en exportación agroalimentaria, puesto que su producción hortofrutícola representa, en valor económico, prácticamente la mitad del total andaluz. Además, ha generado empleo estable, demostrando su pujanza en épocas de crisis como la actual, garantizando el aporte de alimentos a la población en situaciones complicadas como la actual pandemia.

     

    Invernadero de investigación en la UAL. Araceli Peña FernándezAuthor provided

     

    Sostenibilidad social

    Almería ha basado su desarrollo en innovaciones tecnológicas como el arenado, el invernadero solar, el riego por goteo, la fertirrigación, la plasticultura y el control biológico. Pero es indudable la importancia que ha tenido la innovación socioeconómica basada en empresas de economía social, donde el cooperativismo ha sido una pieza clave para el desarrollo socieconómico sostenible. No es de extrañar que en la zona se encuentre la mayor concentración de cooperativas del mundo, garantizando el acceso al mercado de la producción procedente de pequeños agricultores.

    En este sentido, la integración e incorporación de inmigrantes al modelo de agricultura familiar ha sido relevante. Este colectivo representa más del 65 % de los empleados inscritos en el régimen agrario de la provincia, lo que acentúa aún más el marcado carácter social del modelo agrícola en invernadero.

    Sostenibilidad ambiental

    La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) promueve la agricultura protegida sostenible como una herramienta para garantizar el derecho universal a la alimentación y un medio eficaz de adaptación al cambio climático.

    Gracias a la innovación constante en los sistemas de riego de alta frecuencia, la eficiencia en el uso del agua es sobresaliente, siendo la huella hídrica casi veinte veces inferior a la media agrícola nacional. En este sentido, los invernaderos solares no consumen energía fósil, las plantas utilizan el sol para realizar la fotosíntesis y el viento sirve para renovar el aire en el entorno de las plantas. Basan el control climático en la ventilación natural y en el blanqueo de la cubierta, sistemas con consumo prácticamente energético nulo.

    No menos destacable es la auténtica revolución verde que ha supuesto el uso masivo de fauna auxiliar para la polinización y el control de plagas, con una tendencia clara hacia la agricultura ecológica.

    La aplicación de la economía circular y la bioeconomía ha hecho posible que los residuos se hayan transformado en subproductos. En este sentido, se ha apostado por la trazabilidad total, no sólo de la producción, sino también de los plásticos de cubierta. Se recicla el 100 % de estos materiales y se aprovechan los restos vegetales directamente como abonado en verde, compostándolos o transformándolos en alimento para el ganado.

    En Almería más del 40 % del territorio son espacios naturales protegidos, con una joya extraordinaria como el Parque Natural Cabo de Gata - Níjar. Pero además, la superficie de invernaderos alcanza poco más del 3 %, con una densidad de plantación tan elevada que son un auténtico sumidero del principal gas que contribuye al calentamiento del planeta y que los cultivos utilizan para realizar su fotosíntesis.

    Gracias a los invernaderos, el sureste de España es un modelo territorial donde se ha demostrado la plena viabilidad del binomio crecimiento - sostenibilidad. Respetuosos con el medio ambiente, extremadamente eficientes en el uso de los recursos y únicos en el mundo como ejemplo de reparto de la renta. Ejemplo de adaptación plena al Pacto Verde Europeo y a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas.

     

    Publicado el 6 de enero de 2022 en The Conversation. Enlace al original: https://bit.ly/3f6hTKz

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  • Así contribuye al cambio climático la agricultura química que intoxica el Mar Menor

    Vista del mar Menor (Murcia). Shutterstock / Maria Mancha

     

    La falta de oxígeno (anoxia) es la causa principal de la masiva muerte de peces y vida, en general, en el Mar Menor.

    Vemos las consecuencias de un largo proceso. Se ha señalado como responsable de la catástrofe de esta laguna litoral a la masiva aportación de nitratos y nitritos, esto es, al abono sintético. También se culpa a las algas, que ante la presencia de nutrientes crecen de forma desmesurada y disminuyen la penetración de luz solar y aceleran la disminución de oxígeno. Todo apunta a la agricultura.

    El nitrógeno y el fósforo en agricultura

    En el mundo se producen 450 millones de toneladas de nitrógeno que se destinan a la agricultura. Entre 1961 y 2019 el uso de fertilizantes sintéticos ha crecido un 800 %, lo que constituye un problema energético y climático: gastamos más del 5 % de gas natural mundial en extraer nitrógeno de la atmósfera.

    La agricultura contribuye al cambio climático. Dentro de la Hoja de Ruta del Hidrógeno en España –la apuesta por el hidrógeno verde del Gobierno– se quiere sustituir el gas natural para producir fertilizantes por energía renovable mediante el proceso Haber-Bosch. Para ello, se usa nitrógeno, potasa extraída de la roca y fósforo extraído de roca fosfórica. Un estudio de 2017 señala que en lo que llevamos de siglo XXI su uso ha crecido en un 41 %.

    Además de ser un problema energético y climático, está detrás de la catástrofe del Mar Menor. Ese nitrógeno y fósforo que usa la agricultura acaban disipados, en parte en la atmósfera y en parte en los océanos. Ello a pesar de la convención de Naciones Unidas de 1992 que protege los océanos.

    Entre 10,5 y 15,2 millones de toneladas de fósforo acaban cada año en los océanos. El nitrógeno provoca acidez: un pH menor de 7,8 hace que las aguas no sean aptas para la vida. No toda la acidez de los océanos está relacionada con el ciclo del carbono; la agricultura tiene parte de la responsabilidad.

    Un sistema alimentario insostenible

    El ciclo del nitrógeno y el fósforo ha sobrepasado los límites planetarios. En el largo plazo, si las tendencias no cambian, nos enfrentaremos en pocas décadas a un colapso del sistema alimentario global.

    El uso de fertilizantes ha disminuido el fósforo del suelo: “El contenido de fósforo de nuestra tierra, después de años de cultivo, ha disminuido considerablemente. Necesita reponerse. La necesidad de un mayor uso de fosfatos y la conservación de nuestros suministros de fosfatos para las generaciones futuras es, por tanto, un asunto de gran preocupación pública”, señalaba F. D. Roosevelt en 1938.

    Las reservas necesitan reponerse; el suministro de fosfato es una preocupación para generaciones futuras. En las últimas décadas se ha incrementado su uso en un 800 %. Hoy los agricultores afrontan una crisis de fósforo.

    Nitrógeno sintético

    En la vida están involucrados pocos elementos: nitrógeno, oxígeno, carbono, hidrógeno, azufre y potasio. En 1974 J. Lovelock y L. Margulis observaron que la homeostasis de la Tierra se estaba viendo alterada por el uso de nitrógeno sintético. Es otra prueba de la llegada del Antropoceno.

    El resultado es que este nitrógeno de síntesis interfiere en el ciclo natural del nitrógeno orgánico, lo que a su vez explica la necesidad de incrementar su uso. Hoy necesitamos diez calorías de energía fósil para obtener una caloría de alimentos; hace un siglo, una caloría fósil proporcionaba diez de alimentos.

    La agricultura usa nitrógeno sintético, el 70 % del agua mundial, fósforo mineral y biocidas. Y el resultado es que se altera el ciclo del nitrógeno, el oxígeno y el carbono. Y una de las consecuencias es el desastre de Mar Menor.

    Este tipo de catástrofes que ocurren a “cámara lenta” no se perciben: se pierden 75.000 toneladas de suelo fértil anual, 1.300 millones de personas viven en zonas agrícolas degradadas, un 25 % de suelo agrícola muestra pérdidas persistentes en productividad. Mientras tanto, se señala como culpable al impersonal cambio climático.

    En el camino equivocado

    La agricultura es responsable de la emisión de 6,1 Gt de CO₂ equivalente de carbono. Estas emisiones tienen lugar especialmente en primavera y otoño cuando los tractores remueven la tierra y los rayos de sol matan microorganismos que fijan nutrientes. El control de plagas contamina toda la planta y mata polinizadores; pero también la fertilidad que proporciona microorganismos.

    Sabemos que los microorganismos están involucrados en el ciclo del nitrógeno, de la materia orgánica, del oxígeno y del carbono y participan en la producción de la molécula de dimetilsulfuro (DMS), clave en el crecimiento vegetal y la formación de nubes y lluvia.

    Si las plantas agotasen los recursos, como suponía Justus von Liebig en 1864, nuestra civilización hubiera desaparecido hace miles de años. El concepto de capacidad de carga no explica la causa del problema, sino la consecuencia. El hombre cazador-recolector tiene un comportamiento ecológico; la agricultura actual respecto a la de las civilizaciones persa y egipcia es cuantitativa. Para Paul Ehrlich, la agricultura se convierte en problemática cuando ha de alimentar un crecimiento poblacional.

    En 1842, von Liebig fundó la agricultura científica, que aplica una mirada química a las plantas que usan el nitrógeno. Frente a las tesis de Malthus y sus profecías, encuentra una solución a la amenaza de pérdida de fertilidad de la tierra: usar nitrógeno inorgánico. En 1920, otro químico, Fritz Haber usa nitrógeno directamente en la agricultura.

    Inicios de la agroquímica

    Después de la Primera Guerra Mundial se empieza a usar nitrógeno en agricultura, siguiendo las teorías de Justus von Liebig, para mantener las interacciones metabólicas. Fritz Haber había perfeccionado la técnica para aplicar directamente en las plantas estos fertilizantes, por lo que obtuvo el premio Nobel. La industria química fabricó nitrógeno sintético para producir explosivos y encontró, después de la guerra, un uso como fertilizante.

    Pero ese uso civil de la industria de la guerra en agricultura tuvo críticas tempranas. Ragnar Berg advirtió en 1930 que el nitrógeno sintético altera el ciclo del nitrógeno orgánico y los alimentos con nitrógeno de síntesis no tienen las mismas vitaminas, ni minerales, ni oligoelementos que los productos orgánicos. Hoy, la exposición a los nitritos y nitratos constituye un problema para la salud.

    Alimentos deficitarios en nutrientes

    El contexto importa. No solo es un problema de dietas, ni de comer de modo más sostenible productos de proximidad, ni de comer productos frescos, pues seguramente son cultivados con nitritos y nitratos. Los productos ecológicos solo garantizan haber sustituido fertilizantes sintéticos por ecológicos, pero no garantizan haber recuperado la fertilidad del suelo que permite que los alimentos tengan las vitaminas, aminoácidos y oligoelementos adecuados.

    Lo más grave no es que el proceso Haber-Bosch suponga un tercio de la energía de la agricultura. No seremos sostenibles si no se cuestionan los postulados de Justus von Liebig, padre de la agroquímica.

    Lo ocurrido en el Mar Menor nos enseña que es necesaria una completa transformación de la ciencia aplicada a la agricultura; una ciencia que apenas tiene unas décadas y ha producido desastres como no se habían producido en miles de años.

     

    Publicado en The Conversation el 8 de septiembre de 2021. Enlace al original: https://bit.ly/3lfZn51

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  • Cómo predecir inundaciones y sequías para minimizar los daños en los cultivos

    La sequía actual que afecta al este de Argentina, Uruguay y sur de Brasil, y que comenzó en 2019, es clasificada como uno de los cinco eventos de sequía más importantes desde 1950. Su persistencia hizo que sus impactos se manifestaran en diferentes aspectos del clima, como el estado de humedad del suelo, el caudal de los ríos y la vegetación.

    Este fenómeno ha generado mucha tensión sobre el sector agrícola en la región ya que el desempeño de la producción de los diferentes cultivos es muy sensible a los cambios en las condiciones climáticas.

    Impacto en la agricultura

    Las actividades agropecuarias en Argentina son muy vulnerables a los fenómenos atmosféricos y climáticos. Fenómenos como las sequías e inundaciones son las principales causas en la pérdida de rendimiento de los cultivos con un fuerte impacto económico.

    La Oficina de Riesgo Agropecuario (ORA) del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de Argentina se especializa en la evaluación del riesgo agropecuario y, en particular, del riesgo agroclimático. Para realizar esta tarea ha generado una serie de herramientas que permiten el monitoreo en tiempo real de las condiciones de humedad en el suelo para cultivos específicos.

    Estas herramientas combinan la información de las condiciones climáticas actuales con la información sobre el desarrollo de los cultivos (momentos de siembra, floración, entre otros) para entender si las condiciones hídricas pueden afectar el desarrollo normal de los cultivos. De esta forma, permiten a los productores planificar las tareas agronómicas y a la ORA estimar de manera temprana la merma en los rendimientos de los cultivos en campaña y pérdidas probables.