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Protocolo de Montreal: mantenernos frescos a nosotros, a nuestros alimentos y a las vacunas

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El Protocolo de Montreal nació como un acuerdo global para proteger la capa de ozono, una tarea que se ha realizado bien, convirtiéndose en uno de los acuerdos medioambientales más efectivos hasta la fecha. Un esfuerzo mundial unido para eliminar progresivamente las sustancias que agotan la capa de ozono significa que, hoy en día, el agujero en la capa de ozono se está cerrando, protegiendo a su vez la salud humana, las economías y los ecosistemas. Pero, como pretende destacar el Día Mundial del Ozono de este año, el Protocolo de Montreal hace mucho más, como frenar el cambio climático y ayudar a impulsar la eficiencia energética en el sector de la refrigeración, lo que contribuye a la seguridad alimentaria.

Muchas sustancias que dañan la capa de ozono provocan un calentamiento en el clima, por lo que el acuerdo ya ha permitido ralentizar el cambio climático. La Enmienda de Kigali al Protocolo de Montreal está preparada para ofrecer beneficios climáticos aún mayores. En virtud de esta enmienda, los países se han comprometido a reducir progresivamente los hidrofluorocarbonos (HFC). Aunque los HFC no dañan la capa de ozono, estos refrigerantes son potentes gases de efecto invernadero. Se espera que la reducción de su uso, tal y como se ha acordado, evite hasta 0,4°C de aumento de la temperatura global para finales de siglo, al tiempo que se sigue protegiendo la capa de ozono.

La Enmienda de Kigali también ofrece una oportunidad para mejorar la eficiencia energética en el sector de la refrigeración. Las nuevas iniciativas que sustituyen a los HFC ofrecen la oportunidad de rediseñar el aire acondicionado y la refrigeración para que consuman menos energía, lo que permite ampliar la refrigeración de confort y la eficiencia de la cadena de frío sin aumentar el impacto climático. La combinación de la reducción del consumo de HFC y la mejora de la eficiencia de la cadena de frío, especialmente en las economías en desarrollo, también permitirán combatir la pérdida de alimentos.

Alrededor de un tercio de todos los alimentos producidos en el mundo para el consumo humano se pierde o se desperdicia cada año, en gran parte debido a la falta de acceso a las cadenas de frío. La pérdida y el desperdicio de alimentos ascienden a miles de millones de dólares al año; no sólo se desperdician recursos preciosos como la tierra, el agua y la energía, sino que también se estima que se genera un 8% del total de gases de efecto invernadero al año en todo el mundo.

Al desarrollar soluciones para la cadena de frío que sean más eficientes, más respetuosas con el medio ambiente y más baratas a la hora de comprar y operar, las cadenas de frío serán más efectivas y estarán más disponibles. De este modo, los productores, como los agricultores y los proveedores de productos farmacéuticos, tendrán acceso al preenfriamiento, al almacenamiento refrigerado y al transporte refrigerado, lo que garantizará que productos como los alimentos y las vacunas lleguen a las personas en buenas condiciones y de forma segura.

En este Día Mundial del Ozono, celebramos y reconocemos el Protocolo de Montreal y su Enmienda de Kigali en sus amplios esfuerzos por mantenernos frescos a nosotros, a nuestros alimentos y a las vacunas.

 

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