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Ocho formas de hacer que sus publicaciones sobre el cambio climático en las redes sociales sean importantes: habla un experto en comunicación

Las redes sociales brindan a todos la oportunidad de argumentar con el resto del mundo. Entonces, si desea persuadir a la gente sobre la necesidad de abordar el cambio climático y cómo debemos hacerlo, las redes sociales son un buen lugar para comenzar. Mucha gente claramente lo piensa: los hashtags de Instagram con conciencia ambiental como #zerowaste cuentan con 4 millones de publicaciones y el contador sigue en marcha.

Pero, ¿cómo logras que tus publicaciones sobre el cambio climático vayan más allá de hacer simplemente ruido e inspiren un cambio de comportamiento positivo relacionado con el clima y apoyen las políticas que mitigan la crisis climática? A continuación, se muestran algunas ideas clave de investigaciones recientes sobre la comunicación sobre el cambio climático.

 

A climate demonstrator holds a placard that reads 'There is no Planet B'

En los últimos años, los activistas climáticos, impulsados por las redes sociales, han salido a las calles. kevin_snyman/Pixabay, CC BY

 

1. La relevancia importa

Como individuos, nuestro poder para luchar contra el cambio climático es limitado pero vital. Cuanto más entendamos el cambio climático como una amenaza para nuestros amados hábitats, más probable es que aceptemos decisiones sociales y políticas de gran alcance que protegerán el planeta a largo plazo.

2. La concisión ayuda

La mera abundancia de charlas en Internet puede volverse abrumadora rápidamente. Ya sea positivo o negativo, sabemos que los pequeños fragmentos de información proporcionados por Twitter o Instagram, sin importar nuestra creencia en nuestra propia inmunidad a ellos, moldean la forma en que pensamos sobre las ideas sociales clave y, a su vez, la forma en que reaccionamos. Dado que las personas a menudo no tienen el tiempo o la atención para abrirse paso en discusiones largas, es mejor que sus contribuciones sean breves y al grano.

3. Perseguir objetivos positivos y realistas

Las investigaciones demuestran que si sentimos que prevenir las amenazas climáticas está más allá de nuestras posibilidades, es posible que simplemente nos rindamos y no hagamos nada. La ansiedad climática es real y puede ser paralizante. Eso significa que los mensajes positivos son mucho mejores que los negativos para hacer que las personas actúen. Dar a su audiencia consejos sobre cómo reciclar, por ejemplo, es mejor que enumerar todos los problemas del reciclaje.

 

People dressed in suits look at their phones

Las redes sociales son una herramienta poderosa para moldear nuestra forma de pensar. Camilo Jiménez/Unsplash

 

4. Evite la terminología engañosa

El cambio climático es complicado. Y la divulgación sobre el cambio climático a menudo es menos clara, menos ágil y más propensa a ser mal comunicada que las discusiones sobre amenazas más inmediatas como una pandemia.

Esto significa que debe elegir sus palabras con cuidado y precisión. Si bien una “tendencia positiva” suena bien, puede ser una mala noticia cuando se trata de temperatura. Podría ser más prudente referirse a una "tendencia al alza".

5. El clima es global: el clima es local

A la gente, particularmente en el Reino Unido, le encanta hablar sobre el tiempo. De manera errónea, con frecuencia se vincula directamente con el clima en general, especialmente si un orador quiere expresar escepticismo climático. Con Gran Bretaña viendo nieve en abril, las Cataratas del Niágara congeladas durante este año y las predicciones meteorológicas siempre poco fiables, ¿por qué debería alguien creer en la certeza del cambio climático o en la urgencia de luchar contra él?

Hablar del tiempo en el contexto del cambio climático a menudo es engañoso, ya que no refleja el panorama climático más amplio. Pero en lugares donde el cambio climático afecta directamente al clima, articular el cambio global en términos que respeten preocupaciones locales como inundaciones o sequías puede ser más efectivo.

6. Evite la incertidumbre

La evidencia científica del cambio climático es innegable, pero los detalles de cómo se desarrollará son menos claros. Sin embargo, cuando los científicos del clima hablan de "incertidumbres" con respecto al futuro del planeta, es menos probable que el público los tome en serio. Enmarcar los mismos resultados como "riesgos" es mucho más eficaz.

Pero describir la probabilidad de escenarios futuros de manera convincente y clara es un desafío que requiere un lenguaje claro. Tomemos a Greta Thunberg, cuyas comunicaciones transparentes y directas sobre el cambio climático han provocado un movimiento climático mundial apoyado por las redes sociales. Fragmentos como "¿Cómo te atreves?", "Nunca es demasiado pequeño para hacer una diferencia" o "Nuestros líderes políticos nos han fallado", se alojan en la mente de las personas, dejando poco espacio para los malentendidos.

 

A young woman speaks into a microphone as she reads from a lectern

Greta Thunberg insta a los eurodiputados a mostrar liderazgo climático. Parlamento Europeo/Wikimedia Commons, CC BY

 

7. Sugerir acciones concretas

La investigación muestra que demostrar riesgos reales y específicos que son tangibles y cercanos a casa, como la amenaza para las aves o las abejas en nuestros jardines, ayuda a combatir la negación climática al presentar pruebas que las personas pueden presenciar por sí mismas.

Asimismo, es más probable que los consejos para realizar cambios simples y prácticos, como cultivar flores que ayuden a las abejas a prosperar o llevar bolsas de compras reutilizables, tengan un efecto práctico directo que compartir un discurso científico teórico y complejo.

8. Escuche

Quizás el requisito más importante de todos sea escuchar. Debemos hacer el esfuerzo de comprender los obstáculos de nuestra audiencia para aceptar la realidad de la crisis climática. Después de todo, las personas cuyas preocupaciones han sido realmente escuchadas están mucho más abiertas a cuestionar su comportamiento, que es lo que se necesita para lograr un cambio global.

 

La autora desea agradecer a Jenna Burns (pasante de la Universidad de Bangor) por las importantes contribuciones realizadas a la compilación de este artículo.

  

Publicado por Thora Tenbrink en The Conversation el 17 de junio de 2021. Enlace al artículo original: https://bit.ly/3cSYADX

 

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Thora Tenbrink no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

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