espectrobroken.gif
arribayabajo.gif
trazadoresdelviento.gif

Las consecuencias ambientales de una transición energética desordenada y con prisa

6-7 minutos

Es más que probable que haya leído antes, muchas veces, que los niveles de dióxido de carbono en la atmósfera son muy altos. Podría ser incluso que haya visto los datos en Internet, actualizados casi a tiempo real. En caso contrario, puede acceder a esos datos, procedentes de una red de sensores bien mantenidos y controlados.

Ese incremento de CO₂ prosigue acompañado por incrementos en otros gases de efecto invernadero; aquellos que impiden que el calor se disipe al exterior de la atmósfera terrestre. Algunos de esos gases son el metano (CH₄), retenido en los suelos de las latitudes altas siempre y cuando permanezcan congelados, y varios óxidos de nitrógeno.

Cierto es que cualquier afirmación acerca de “niveles muy altos”, o bajos, debería ir acompañada de una referencia objetiva. En el caso del CO₂ atmosférico la ciencia la proporciona: ningún humano ha respirado anteriormente concentraciones de dióxido de carbono como las actuales. No han existido desde hace millones de años, desde el Oligoceno. Y eso preocupa, mucho, porque la temperatura del planeta guarda una relación estrecha con la cantidad de CO₂ en la atmósfera, y está aumentando rápidamente.

En esencia, afrontamos grandes cambios en el clima de la Tierra, con consecuencias difíciles de predecir. Ni siquiera podemos esperar cambios similares para las distintas zonas de la península ibérica. Es comprensible, por tanto, que términos como descarbonización sean imprescindibles, omnipresentes. Y también que las estrategias energéticas prescindan del uso masivo de combustibles fósiles, protagonistas de la disrupción climática.

 

Las sombras de la descarbonización

La disrupción climática que la descarbonización pretende abordar es un fenómeno complejo, derivado de la conjunción de 7 800 millones de humanos sobre el planeta, y de un consumo de recursos desproporcionado en buena parte del mismo.

Supongo que ante la emergencia es tentador ofrecer certezas, y soluciones expeditivas; simples. Entran entonces en escena términos aparentemente definitivos, como “energías renovables”, “sostenibilidad”, etc. Pero los problemas complejos, por definición, no suelen tener soluciones obvias. Los héroes en blanco y negroque cantaba Johnny Cash, no están disponibles.

Los procesos extractivos tienen un impacto, de una naturaleza u otra. Extraer energía, extraer minerales, extraer vegetación, deja detrás cuando menos el hueco de dicha extracción. Los gestores de política energética en España parecen decididos a sustituir la energía extraída de combustibles fósiles por aquella extraída de energías renovables. De eso trata el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima 2021-2030.

Esa estrategia futura parece incluir el desarrollo masivo de proyectos de parques eólicos. La implantación de estaciones de producción de energía a partir del viento también implica impactos, dignos de conocer en detalle, y de evaluar y ponderar a la hora de tomar decisiones. Especialmente si los proyectos se cuentan por decenas o incluso cientos, y afectarán a porciones sustanciales del territorio.

Impacto ambiental de los parques eólicos

Los parques eólicos tienen un impacto intuitivo sobre el paisaje. Uso como ejemplo las proporciones de un proyecto que me pilla geográficamente cerca: será un parque eólico a 800 metros sobre el nivel del mar, con aerogeneradores de 126 metros de alto, y cuyas aspas tendrán un diámetro de 147 m. Ese parque eólico será visible desde al menos 10 km en las cuatro direcciones cardinales. Aquellos situados en zonas más altas de sierras y cordales serán más visibles.